Al Margen

Eran otros tiempos.
Mi amigote Ulises me preguntaba cuando es que uno se empieza a poner viejo, yo no se, Cortázar decía que cuando a uno le empiezan a salir ojos en la nuca y todo se mira hacia atrás, es señal inequivoca de que se está viejo.
Tener 36 no es ser viejo, pero como dice la publicidad estoy "a medio camino de jubilar" y debiera preocuparme de APVs y fondos mutuos.
El lunes Mario Quiroz mi profesor y "colega" en esto de la docencia se mandó un speech bastante personal acerca del paso del tiempo, de los años que uno bota, de la pérdida de momentos y de las cosas que debieron hacerse en el tiempo adecuado. No supe que decir.
El tiempo pasa y yo me siento aun al margen. Creo que mi agnosticismo político y religioso me pasa la cuenta, el "dolor de la lucidez" a veces aporta un desánimo medio mala onda, que es precisamente lo que no hace falta cuando hay tantas tareas por concluir. Parece el discurso de alguien cansado.
Y no queremos cansancio ¿no?
Sería bueno saber qué hace falta, sería bueno tomar un curso de acción y enfrentar el aluvión de días y años que hemos gastado en ser lo que somos, en ser sin sacar la cuenta de qué o quién queremos ser.
Recuerdo esa escena de "Atame" en que Antonio Banderas le expone la infografía de su vida a la Victoria Abril, como un simple encuentro sexual le cambia la vida, decide dejar de estar loco y volverse alguien útil. A todos nos pasan cosas semejantes, decisiones, quiebres, finales que nos cambian, dimensiones que se abren ante nosotros y que modifican el mapa de nuestros días, el sueño burgués de la casita, el autito, las buenas vacaciones y un pasar. A veces puede ser el canal que se desborda, la enfermedad de alguien que se ama, un amor, la soledad, a veces sencillamente ocurre como ese personaje de no recuerdo qué película que un día abandona a su familia en mitad de un almuerzo para no volver más (bueno, el personaje de Hawthorne que se oculta en la casa detrás de la suya y no vuelve en 20 años, Wakefield), o Lester Burnham que renuncia a su trabajo extorsionando a su jefe por una buena indemnización y decide hacerse empleado de hamburguesería (de burgués a hamburgués, ja).
Estar al margen no es tan malo, pero si lo suficientemente malo como para desear no estar ahí permanentemente.