Consigna
...¡Flores ilógico, psicópata ontológico!...
Cómo no estar agradecido, de lo que sea… a dios o los dioses, a mis muertos y a mis amigos, a mis fantasmas y los fantasmas compartidos, mis ángeles y mis santos, a mis amores, a mis desamores, a las horas y el trabajo, a la dura práctica de ser uno mismo cada día y cada hora, a la agnosis, a Jehová, Yaweh, Alá, al Buda, al Tao, a Jesús, al Espíritu Santo, a los dioses de los Selknam, a los dioses que ignoro y que se apartan para que no los reconozca, a la infinita bondad del universo, a la energía, al vacío, al dolor vivido y el dolor imaginado, a todas las caras que han desfilado en mis sueños y mis vigilias, a la historia aprendida, los libros y las tazas de té, las horas metido en la cocina, en la ducha, al tango y a la guitarra, a las voces contradictorias que llenan mi cabeza. Las miles de palabras que han salido de mí al papel y al pixel. Por quienes me cuidan y a quienes cuido. Gracias a todo, lo malo y lo bueno, lo doloroso por probar mis fuerzas, lo hermoso por reparar los daños. Gracias en silencio y con ruido, con fiesta y con recogimiento, de rodillas y saltando, gracias, gracias, gracias por estar ahí, por no estar, por existir y por no existir. Gracias por mantener a mi pequeña hija junto a su familia, por devolverla sana y salva a esta orilla incierta del juego. Gracias.
To be, or not to be--that is the question:
Trágico de puro vicio. Por lo mismo reirse con todas las encías y las caries. Me cago en tu puta alma. Y Qué Pá
Cuando se tiene un paredón como este en el que nadie entra y en el que uno deja ciertos dibujos mentales casi como una escupidera, resulta irónico recibir en el más corto de los plazos y de la misma persona una mala leche rayana en la odiosidad, en que se pretende igualar contenidos y forma, persona y estilo sólo porque a un pelotudo (lector ocasional, accidental o intencional) no le gustó el plato o el menú.
No entiendo. Es aburrido.

O quereres)
Qué tristeza, parado en mitad de este desierto en que sopla el viento. Con las manos en los bolsillos con la mirada sostenida en un horizonte que vibra de silencio y de frío, en mitad de un viento de tierra, de hojas, papeles, pelusas en la cara, pájaros que pasan alto y lejos, solo como sobreviviente de un cataclismo con los zapatos llenos de barro y moho, silencioso y sin réplicas en que el único damnificado eres tú, que sientes esta tristeza vieja y derrotada. Esta ancla que se anuda sola y se deja caer en mitad del vuelo, en mitad de la risa, en mitad del sueño. Mitad realidad, mitad pesadilla, el ancla te sonríe desencantada, desencajada, irónica, olvidándose deliberadamente de la dicha dadora de vida, refregándote el repaso absurdo de decepciones y caídas, refregándote la innegable perversidad de este presente seco, desabrido cuyos únicos remedios son paliativos, cuya única sanación está tan lejos que asusta, tan inaccesible como abrirse el pecho y extirparse ese absurdo músculo rojo y sanguinolento, y el único doctor posible es el hijo de puta que te mira en el reflejo del espejo. Oh médico, cúrate a ti mismo.
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Sucio, sin bañarme, sin lavarme los dientes, algo rancio de durma a medio filo, con llantos de bebé enyesada, salgo de casa rumbo al colegio primero con mi hijo, fútbol. Regreso, actividad cambia de horario. Salgo de vuelta con mi hija, basquetbol, esta vez si vuelvo solo, en la radio "el tungue le cocó". Pero antes saliendo de casa "Nubes negras". Silencio. Llueve otra vez y acá adentro los dos. En fin.
Puta lluvia, cómo me gusta que el agua me lave la cara
Me entero de la muerte del padre de una amiga de acá. Muerte que como toda muerte puede ser trivial, la gente se muere todo el tiempo, la vida trae consigo a la muerte y uno sabe “pero se olvida que sabe” que nada es para siempre y en esa pasamos suavemente día tras día, hora tras hora, por la suave e impaciente arena del reloj.
Etiquetas: Padres
En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.
De qué se trata entonces, este vivir dentro de una bolsa de carne que obedece (o no) a impulsos que vienen de más atrás del enfoque que permiten estos faroles empañados, esta máquina a vapor que come ajo, bebe vino y bebidas energizantes, duerme entre sábanas y despierta en piyamas arrugados.
Etiquetas: cuentos del año del ñauca
El gato
Esta historia es tan redonda
Etiquetas: Cita
Anoche acaricié las manos de mi tía abuela, a quién los años y su deterioro han reducido a una abuelita sonriente que reposa mirando pasar la vida, sin que el resto sepamos si entiende algo, si sabe que pasa pos su cabeza, o como le pasa a mi bebé más pequeña, percibe un mundo sin entenderlo del todo. Su última infancia.


Etiquetas: Vivencias Hogareñas

Etiquetas: cuentos del año del ñauca